“José Antonio. El hombre que todos convirtieron en mito” de Pepe De Las Heras. Por Victoria Santisteban.

     A veces llegan a nosotros libros porque sí. Otras veces llegan a uno mismo en atención a tu propia curiosidad. Este libro es uno de ellos, de los que se buscan.

Pepe De Las Heras, autor.

     Mientras avanzaba en su lectura, reconozco que llegó un momento en el que me confundí, y me perdí en la novela histórica creyendo estar en una película de aquellas que me gustaban tanto cuando era muy jovencita. Y me vuelvo a la portada, y en efecto, es una novela histórica.

     Realmente nunca tuve muy clara la figura de Primo de Rivera (hijo), ya que por un lado la asociaba al movimiento de Franco,  militar español que ejerció como dictador desde 1939 hasta 1975, y por otro, a la parte más revolucionaria de España e, incluso, a la par que bolchevique después del discurso pronunciado en el Congreso, con motivo de la transformación de la Reforma Agraria (fue tildado de ello).

     Un libro interesante y fácil de leer. Un relato que nos acerca las primeras décadas del S. XX y a la figura de José Antonio Primo de Rivera. Hijo de Miguel Primo de Rivera, militar español que ejerció como dictador entre 1923 y 1930, tuvo una enseñanza privilegiada para la época, estudiando el bachillerato desde casa con profesores particulares. Más tarde estudió la carrera de Derecho influenciado por antecedentes familiares y de amistades.  Con todo esto, quiero dejar sentadas las bases que José Antonio, era una persona con una formación lo suficientemente densa como para saber lo que se hacía. Por alguna razón que se me escapa, Jose A. decidió caminar algo alejado de la filosofía general y defender ideas algo distantes de lo establecido. Defendía a los pobres, quería eliminar el caciquismo reinante y devolver las tierras a los jornaleros. Ideas que le llevarían a su encarcelamiento acusado de conspiración y rebelión militar, y posterior ejecución, propiciada por el Gobierno de la Segunda República, (España parecía un país cansado de las maniobras de la República) con Largo Caballero (el consejo de ministros confirmó el “enterado”). Fue condenado a muerte y finalmente ejecutado. La novela nos muestra a un joven atractivo (se le atribuyeron romances muy sonados en la época), con don de gentes y con ganas de resolver conflictos y dar giros de tuerca.

Ahora bien, desde mi minúsculo universo tengo algunas dudas:

  • La historia nos ha contado que desde el bando sublevado existieron intentos de evitar su ejecución y, por otro lado, que no existieron tales y que Francisco Franco, conocedor de su ejecución, no hizo nada para evitarlo. Por otro lado, se nos ha contado y hemos visto hasta la saciedad, que el movimiento de la Falange era sinónimo de franquismo, ya que este señor se apropió del movimiento y de la imagen de José A. Asimismo, Manuel Azaña, tampoco pareció que hizo nada por él. Se conoce que fue un personaje incómodo para ambas partes.
  • Por otro lado, hay aspectos que me parecen contradictorios de José A. o de la historia que cuentan de él. José A. se alejó de la opulencia en cierto modo, y quería devolver las tierras al proletariado. Pero, su carrera política comenzó para defender la política de su padre (al que defendía a puñetazos si era necesario) afirmando que su dictadura fue una oportunidad perdida (la dictadura es dictadura venga de donde venga). Y en 1933 terminó encontrando el fascismo que le ayudó a construir sus bases.
  • No creía en la eficacia de la derecha en el parlamento contra la “revolución socialista”, de los que pensaba que tenían falta de fe y empuje. Como tampoco que una mayoría pudiera decidir lo que él consideraba “verdades absolutas”. Consideraba que los ciudadanos podían decidir en el ámbito municipal, pero no para decidir sobre el país. Esto, también, me desconcierta bastante.
  • En cuarto lugar, en mi humilde opinión, creo que era una persona normal y de carne y hueso y con valores, entre los que destacaba el no guardar rencor, por la inclinación política y religiosa, un sentimiento muy valioso. No creo tanto lo del mito. Sí creo que algunos quieren convertirlo en mito, pero si su forma de ser es cierta, creo que a él no le hubiera gustado, ni eso, ni que usaran su imagen para algo con lo que no estaba de acuerdo.

     Esta novela es para leerla vacío de prejuicios, con la mente en blanco. Ya después, uno puede y debe documentarse. O antes, el lector es libre de manejar su agenda lectora. Por lo que a mi respecta, eso fue lo que hice (como también estuve hablando con mi madre, largo y tendido sobre él, para conocer sus impresiones), a sabiendas que mis raíces están en el bando de los perdedores (todos lo fueron en mayor o menor medida). A sabiendas que a mis familiares le hicieron cosas horribles que no puedo ni volver a nombrar, aquí estoy porque quiero saber. Y quiero saber de mi historia con todas las consecuencias. Pero quiero saber la verdad, blanca, nítida y objetiva, de ambas partes. Porque “todos” cometieron atrocidades.

     No sabemos qué hubiera pasado si José A. hubiera seguido vivo. Si le devolvería las tierras a los jornaleros o no, si su movimiento hubiera terminado en una aberración o no, si hubiera cedido y se hubiera puesto del lado del bando que no quería o no. Y no lo sabemos porque todo está en continuo movimiento. Pero la historia verdadera es la que es, esa que nadie puede tocar, aunque todos la cuenten a su libre antojo, “todos”. Pertenezco a una generación que quiere saber, conocer, aunque el resultado no sea agradable. Mis antepasados sufrieron, pero también se sufre mucho ante el desconocimiento, ante la ignorancia. Es como una losa que te impide respirar. Y sin respirar no se puede vivir. Soy Española, Andaluza y nací en Almería y vengo de una familia de rojos. Yo, como muchas personas, queremos un país que perdone, que integre, que restaure también, y que mire al pasado con otros ojos. Que tuvimos una España dividida en dolor y que ahora queremos sólo una, la única.

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“Frankenstein o El moderno Prometeo” de Mary W. Shelley. Por Victoria Santisteban

     Quisiera decir que en la noche de ayer, me vi en la necesidad de levantarme en plena madrugada para comprobar que en casa sólo estábamos mi marido y yo descansando. Pero no fue así, ya que esa sensación está casi anclada en algún momento de mi vida, que no es ahora. En algunas ocasiones, y con ciertas lecturas, nos embarga el desasosiego y vemos fantasmas donde no los hay.

     Como suele pasar muchas veces, y en una reunión de amigos, muchas veces se habla, se arregla el mundo, se cuentan historias y se lanzan desafíos. Esta historia nace de una de esas reuniones, lanzando uno de esos desafíos. La reunión en cuestión era de unos amigos inmersos en el mundo de la literatura, Lord Byron y Mary Shelley entre ellos.  Y el desafío consistió en escribir una historia de fantasmas, la más terrorífica historia de fantasmas. Pero como pasa a menudo, algunos lo llevan a cabo y otros no. Mary S. sí que llevó hasta el final el desafío, como si fuese algo personal, ya que su mayor empeño era ser escritora. Así pues, nace Frankenstein o el moderno Prometeo.

     En una fecha indeterminada del siglo XVIII, un barco rescata a un hombre en pésimas condiciones en el hielo del Mar Ártico. Se trata de Víctor Frankenstein. El capitán del barco, Robert Walton, ávido de saber y de amistad, le acoge y le ofrece cuidados. Víctor observa en el capitán las mismas ansias de conocimiento que tenía él y que le llevó a la desgracia. Es entonces, cuando le revela toda la historia. Una historia que Walton relata a su hermana por carta, convirtiéndose así, en una espectadora en la lejanía de la terrible narración. “Frankenstein crea un ser al que le infunde vida, para más tarde abandonarlo a su suerte, tras descubrir su monstruosidad. Un  ser con alma que sólo busca amor y compañía”.

     Una historia que no deja indiferente a nadie. Repleta de mensajes de todo tipo. El más alto, el de la inmortalidad, un concepto que nos acompaña desde tiempos antiguos. Pero yo me quedo en lo sencillo y no puedo más que empatizar con esa criatura que, sola, y vagando por el mundo buscando afecto, soporta horrores indescriptibles para conseguirlo. No puedo estar indiferente ante el empeño egoísta de aquel que habiendo creado, reniega de su creación.

     Décadas después de leer esta “historia de fantasmas”, me veo en la obligación moral de rescatarla y traerla a mí de nuevo. Aún después de aquello, el cine tuvo el placer de bendecirnos con la adaptación de James Whale y la brutal interpretación de Boris Karloff en 1931 (¿quién no recuerda la escena con la niña?), y que quedó en nuestra memoria colectiva. Aunque de todas todas, siempre me quedaré con la versión de Kenneth Branagh como la más cercana a su relato original. Algún día comentaré cosas de interpretaciones bestiales…

         Boris Karloff

 

 

     Cuando la leí la primera vez, me quedé hipnotizada por la criatura, por su amor e inocencia. Con el tiempo, además de eso, me agrada reconocer que el afán por saber de su creador fue la arteria y  sin ella, la historia no tendría el carácter inherente que posee.

     En un momento de la historia del siglo XIX,  saber y entender que una mujer como Mary W. Shelley escribió un coloso, considerado como primero en el género de ciencia-ficción, de una dimensión sin precedentes, es una revolución como mínimo. Bastó hacerlo así, después de una reunión de amigos, para dar a luz esta genialidad. Los tiempos venideros sólo han hecho nada más que darle la razón.

  • Foto portada original extraída de audiolibro.com.
  • Foto B. Karloff extraída de Pixabay.com.

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“3327. Yo soy la luz del mundo” de J. M. Calero. Por Victoria Santisteban.

Si alguno de ustedes tiene una enfermedad llamada “inquietud”, entonces está en el deber moral de leer esta apasionante novela. Aunque ya conocía la figura de Nikola Tesla, mi interés se resumía, a bote pronto, a leer algo en internet y/o redes sociales de forma puntual. Como también conocía algo al respecto de las injusticias cometidas con él.

No sé si por azar del destino o porque, simplemente, fue una casualidad que compré esta novela hace algún tiempo, pero no fue hasta marzo de este año que decidí traerlo conmigo a tierras asiáticas. La elección fue difícil, ya que tenía que decidir entre el Compendium Rhedae de Óscar Fábrega,  Xavi Bonet y Enric Sabarich y ésta que nos ocupa. Sacaba un libro y metía otro de la maleta, y viceversa, y así me tiré algunos días…(¡Y es que no cabían los dos!).

 

A partir de leer esta novela,  suceden varias cosas. Para empezar, te replanteas, y en serio, los atropellos e injusticias que sufrió este gran científico. Luego, y si eres más curioso, empiezas a documentarte y terminas agarrándote el cabreo del siglo. Porque esta novela te hace sentir rabia, como mínimo.

 

 

Aunque hablamos de una historia de ficción, muchos aspectos de ella no lo son. Así pues tenemos al grandísimo Nikola Tesla, que dio a luz cosas como la corriente alterna, el motor de inducción, la radio, el radar, rayos x, resonancia magnética, submarino eléctrico, control remoto, microscopio electrónico, bobina de Tesla, despegue y aterrizaje en vertical de aviones, y podría seguir… Casi todas estas cosas, y más, las usamos diariamente.  Pero Nikola Tesla era aún más grande que sus creaciones, cuando lo hacía por el beneficio de la humanidad. Esta novela nos lanza un mensaje, una y otra vez, entre sus lineas. Sin duda una historia dinámica que te mantiene tensión y te crea dudas, muchas, sobre la historia oficial. Te replanteas todo. Y esta novela te responde a muchas de esas preguntas. Que la historia nos regalara con una persona tan excepcional como él, y fuese enterrado en vida, es como para reflexionar.

J. M. Calero ha sabido hilar fino, encajando un contexto ficticio alrededor de esta gran persona, con unos personajes variopintos, algunos de ellos con mucho peso y carisma. Muy acertadas las localizaciones, no me cabe duda. Un gran escaparate de historia, arte y arquitectura.

Nunca podremos olvidar a Nikola Tesla, de hecho él está entre nosotros y en nuestro alrededor. Esta novela, y muchas otras, por supuesto, deberían remover nuestros cimientos, nuestros pensamientos tradicionales y tóxicos. Ya hemos visto a grandes personajes de la historia vilipendiados de la forma más mísera, pero seguimos sin aprender nada. ¿O sí?…

Y vuelvo a repetir que esta novela te incita a saber y despierta la ilusión. Ya sabemos, con creces, que la realidad supera la ficción, pero si dejáis volar vuestra imaginación…¿quién sabe?…

  • Las imágenes que aparecen en este post han sido facilitadas por Kvite Servicios Editoriales.

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“Todos los lectores de este libro son idiotas”. Un proyecto filosófico de jóvenes adolescentes coordinado por Óscar Fábrega.

     Cuando un libro así llega a  las manos del lector, entonces es el momento de reafirmarse en la idea que son estos libros por los que merece la pena leer. Porque, no me nieguen que no es hermoso descubrir qué piensan los jóvenes de eso, de las cosas de la vida. Porque piensan y, mucho, aunque algunos entes aún no lo hayan descubierto.

     Escuchar, a través de las letras, qué piensan los adolescentes del acoso escolar, las drogas, el sexo o la amistad. O cómo perciben la vida y lo que les viene dado, o si se dejan llevar por las apariencias de los demás, perdónenme pero es una de las cosas más interesantes que hacer en este momento, en este instante. Ahora, no luego. Otra joven nos habla de un concepto tan abstracto y, reservado (en teoría) a ciertos círculos, como es la filosofía y qué entiende por ella. Un compañero nos ilumina el camino de la enseñanza con una claridad pasmosa. Un joven apasionado de la música nos muestra su esqueleto y su concepción del arte. Nunca ella había sido tan sentida. ¿Qué opina un joven sobre las tecnologías? ¿Son recomendables las redes sociales? O qué sienten ante el machismo… Durísimas historias personales que nos enseñan que la vida sigue, a pesar de todo.

Antonio, Encarni, Eva, Francisco, Juanfra, Laura, Lucía, Marta, Paola Luna, Paula, Rosa, Rubén, Zaira y Óscar Fábrega.

      Somos unos privilegiados por tener este trabajo en nuestras manos, porque ellos, que son el futuro, nuestro futuro, ven, sienten, se cuestionan, se preocupan y son lo suficientemente adultos como para formarse una opinión bastante sólida de cómo funcionan las cosas.

     Ojalá yo hubiera tenido a un señor de dudosa estampa* y a algún profesor que acompaña este proyecto, para que activaran en mí cualquiera de mis resortes, mental o emocionalmente. Yo también me hacía preguntas y, muchas, pero es verdad que me vi influenciada por demasiados agentes externos de los que no pude escapar. Así que siento que, en el fondo, he sufrido algo en mi interior que me ha retrotraído a mi juventud queriendo formar parte del coloquio.

     Supongo que somos tan perezosos que nos dejamos llevar por el hábito, por la costumbre y nos volvemos autómatas en el devenir de la vida. Estos proyectos son los que calan hasta el subconsciente, porque que unos chicos aprendan a cuestionarse la estética de un gótico para ver a la persona…

     Ha sido una lección conocer, de primera mano, las sentencias de estos grandes pensadores. Pero aún más, cómo lo han razonado. Ellos son capaces de hacer filosofía y lo han demostrado con creces. Como, también, a implicarse en un horario no lectivo. Nuestros jóvenes son inteligentes, emocionales, cariñosos, curiosos, inquietos, rebeldes…Pero si es con el aporte de la familia, mejor.

     Estoy de acuerdo en que este proyecto continuase en el tiempo, en cualquier formato. Ellos son atrevidos para esto y más. La cuestión es hacerse preguntas, por todo…Y estos chicos nos han dado una clase magistral.

     En mis comentarios, a veces, suelo hablar de la estructura y en este caso no iba a ser menos. Implicar a tantos “grandes” me ha agradado. ¿Sabes eso que cuando lees te sonríes…? Pues con algún prólogo ha pasado… Tus entradas en las cuestiones muy acertadas. En fin, enorme trabajo y espero el siguiente.

     No quiero despedirme sin antes decirte Óscar que he sido feliz con este libro. He sido feliz con los chicos y he sido feliz con las palabras de Luis Ibáñez. Esto necesita ser contagiado como un virus, el virus de pensar…

Gracias. V.

  • Dudosa estampa: Persona que se hace la interesante al vestir diferente. O no…
  • Las fotos que aparecen en el post han sido cedidas por el autor.

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“El cumpleaños secreto” de Kate Morton. Por Victoria Santisteban.

El cumpleaños secreto de Kate Morton ha sido una novela fácil de leer. A raíz del fallecimiento de la madre de la protagonista de la historia, se desencadenan una suerte de acontecimientos que revelan  los secretos escondidos de una familia perfecta a través de continuos flashbacks. El pasado descubre el presente.

 Un relato que se construye en cada capítulo, con idilios y desamores. Un oscuro pasado que se remonta a la segunda guerra mundial, viene a ser heredado por la siguiente generación. Cada uno de los personajes tiene especial relevancia. Un joven muy enamorado cuyo padre está sumido en una enfermedad que le hace revivir el pasado una y otra vez. Una joven dispuesta a comerse el mundo que forma una familia tras sucederse una serie de hechos traumáticos. Y su mejor amiga, un personaje misterioso. Un suceso luctuoso transforma las vidas de los actores y es la protagonista la que se encarga de investigar en la distancia temporal el pasado de su madre, que tiene que reconstruir para poder comprender.

Una historia muy bien estructurada y relatada de forma elegante. Unos personajes que no dejan indiferente por sus giros. Un claro mensaje que nos traslada la verdad del pasado de nuestros progenitores. ¿Idealizamos demasiado a nuestros padres?, ¿los juzgamos?

Siempre digo y lo repito hasta la saciedad, si es necesario, que no existe un mal libro. Todos tienen derecho a existir, a ser escritos y a ser leídos (bueno hay alguna excepción, pero puntual). Este en concreto es de los que considero como puente o intermedio hacia otro o entre otros. Es una lectura recomendable, ya que toda lectura enseña y aporta información, pero no en la que tengamos que implicar un alto grado de concentración.

Kate Morton es una excelente escritora, no tengo duda al respecto. Y seguramente me reafirmaré en esto continuando con su obra.

  • Fotos extraídas de google books y del blog quelibroleo.com.

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Momo de Michael Ende. Por Victoria Santisteban.

     Momo es una niña que vive en un anfiteatro, que viste de cualquier forma y que está muy delgada. Es guapa, con el pelo alborotado y tiene unos grandes ojos negros, igual que sus pies porque siempre va descalza. Momo es una niña muy buena, adora la libertad y siempre escucha a las personas, por eso todo el mundo la quiere. Momo es el regalo más hermoso de la ciudad donde está, donde vive ahora y donde están sus amigos.

     La historia de Momo ha sido como un soplo de aire fresco, de ese que te renueva como persona. Es una historia para recordar eternamente, para desempolvar la vida y despertar las ilusiones. Volver a leerlo, ha sido el mejor recordatorio de que la vida es hermosa, es hermoso vivirla y es hermoso disfrutar cada instante de su existencia. En sus líneas se destilan tantas emociones, como el amor limpio y puro de una chiquilla que ofrece su corazón y lo pone a disposición de todo aquel que quiera tomarlo.

     Es una historia repleta de enseñanzas que, por lo que sea , nos resistimos a aprender porque estamos inmersos en un sistema al que nos sometemos, bien porque queremos, bien porque no podemos hacer otra cosa.

     Michael Ende nos regala un torbellino de metáforas a través de Momo. La libertad, la alegría y felicidad, la fraternidad reflejada en cada una de las aventuras con Gigi Cicerone, Beppo Barrendero y Casiopea. Y el amor, sobre todo el amor, que rezuma por todas las partes de esta historia. La lucha por recuperar el tiempo de los agotados y sumisos vecinos de la ciudad, nos demuestra que siempre hay esperanza. Porque en nuestra realidad los hombres de gris son los despertadores por la mañana, los colegios de los niños, los trabajos de los adultos, los jefes y tus suegros que te miran mal porque no eres funcionario.

         

     Este libro debería ser lectura condicionante, que no obligada, en los colegios para enseñar a los niños que han de hacer cosas de niños, y en los trabajos, para enseñar a los padres que la vida solo se vive una vez y que es el instante y el momento lo que importa. No hace falta abandonar todo y coger una mochila y echarse a la carretera, pero sí deberíamos pararnos y reflexionar.

     La felicidad es un sentimiento perseguido por todos los mortales y la mayoría nos empeñamos en construirlo sobre los pilares de las posesiones, porque así lo tienen establecidos nuestros “hombres de gris” y el sistema capitalista con su “bombín gris”. Todos tenemos nuestras flores del tiempo, pero duran lo que dura nuestra vida y no se regala, no se da, no se hereda. Se vive. Y todos tenemos, también, a un maestro Segundo Minuto Hora y es nuestra propia conciencia. Pero, aunque reconozco que es un trabajo por hacer y en el que tenemos que ponernos a una todos, Momo puede contribuir en esto porque es una historia extraordinaria, intemporal y, aunque diga que es más que recomendable, creo que no sería cierto porque creo que es obligado (aunque no fuera políticamente correcto).

     Volver a ti, momo me ha recordado que todo importa, que yo misma importo y ¡qué leches! ¡qué me encanta momo!

Gracias Michael. V.

*  Las imágenes del post han sido extraídas de las siguientes páginas web: contemplacion99.blogspot.com.es, latorredebabel.wordpress.com, lebriciolesulsentiero.blogspot.com.es, blog.educastur.es.

 

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Traficantes. Una historia con droga de Ricardo Fajardo por Victoria Santisteban.

     Mi segunda incursión en el mundo de los estupefacientes viene de la mano de Ricardo Fajardo. Una temática que no era santo de mi devoción, ni siquiera de la mano de Reverte. Pero como aconsejan ciertos sectores en los que me muevo, no hay que hacer suposiciones ni tener prejuicios con nada. Así que me desprendí del velo de la estúpida idea inculcada a lo largo de los años y dejé la mente en una zona neutra, en blanco y totalmente abierta.

     Los primeros instantes me parecieron sencillos, sin pretensiones. Esos son los hechos y así los relata el autor. Realidad a borbotones. Como ya dije, este es un tema que no me gusta por la dimensión oscura que tiene, basta con encender la televisión y ver la noticias. Pero los personajes no dejan de ser personas con emociones. Ricardo ha conseguido que empatice con el perfil del protagonista que no era de mi agrado a priori.

     Entre desafíos, falta de moralidad y palabras soeces, el autor me engancha con el devenir de Teo, un individuo estigmatizado por el mal carácter que se ve obligado a ganarse la vida de forma poco honrada. Una novela que manifiesta no sólo la historia del actor protagonista, sino del entorno económico, social y burocrático que le rodea.

     Un trágico suceso deriva al caos en el que el personaje se ve en el dilema de hacer lo correcto y seguir la corriente del sistema o hacer lo que mejor sabe hacer. Un sistema que le pone contra las cuerdas y con el que no puede y no quiere luchar.  Una novela de tensión constante y que a pesar del contexto hostil, deja un amplísimo espacio para los sentimientos y la humanidad. Me resulta imposible no visualizar el Seat Córdoba color amarillo canario, el horror y la desesperación de un padre.

     Entre toda esa anarquía, es hermoso como ciertos grupos sociales destilan normas de convivencia basadas en el respeto a la familia por encima de todo. Así a bote pronto, parecería algo muy normal, pero en un mundo donde la droga es el sustento, dejaría pie a pensar otras cosas.

     Una novela con una interesante moraleja que nos vuelve a poner los pies sobre la tierra, en esta realidad de actos difusos, de desidia, de corruptelas y de agonía.

Gracias Pepe. V.

Nota: Las imágenes que aparecen en el post han sido cedidas por el autor.

 

 

 

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“La pirámide inmortal” de Javier Sierra. Por Victoria Santisteban.

     Siempre que he leído un libro he tenido sensaciones varias (alguna destacable, pero por lo general, normal). Pero desde que me dedico a hablar de ellos, intento exprimir al máximo cada obra e intentar, desde mi humilde posición, extraer todo lo posible, desde lo evidente, hasta el detalle más pequeño.

     A veces lo consigo y, otras no. Pero este no es el caso. Sí tengo que decir que hay aspectos por los que me suelo decantar más, como es el lado emocional de la historia, del personaje y del autor.

     Haber podido disfrutar de una obra de Javier Sierra, además de un privilegio, eso siempre, es como sentir que está delante y corpóreo, mientras te va desgranando la historia con su propia voz, entre curiosa y tenue. Siento una especial admiración por aquellas personas que son cercanas y sencillas y que destilan pasión por todos sus poros por aquello que hacen. ¿Por qué extraña circunstancia, a veces tenemos la sensación de conocer a una persona? ¿Que existe una familiaridad más allá de lo habitual? Pues eso me sucede con sus palabras. Al menos esa la percepción que tengo…

     Aunque ha pasado tiempo desde que me dedicó esas líneas en la primera hoja, he de decir que la espera ha estado ocupada con otras cosas del mundillo. Hay otros tantos que también están aguardando. Y los que vendrán después…

     Opino que cuando un libro te reclama tiempo y te descentra de otras actividades es porque su autor ha conseguido lo que deseaba, envolverte en su realidad. La forma en que el autor nos acerca a acontecimientos históricos, con su halo de misterio, es única. Esta historia, concretamente, nos traslada a finales del siglo XVIII a un Egipto abordado por los franceses, y un jovencísimo Napoleón, con el plan de cortar las rutas principales del dominio británico. Desgraciadamente su pretensión de vencer se vino abajo cuando la escuadra francesa fue hundida por el almirante Nelson. Javier Sierra nos presenta a un joven Bonaparte, con inquietudes, emocional y con un desmedido interés por conocer el secreto de la inmortalidad. Algo nada extraño ya que ha sido la mayor obsesión de la humanidad. Su autor construye de forma muy cuidada esta crónica por lo que resulta interesante encontrar personajes como el conde de St. Germain o Nicolás Flamel.

El joven Napoleón

     A partir de esta obra, el lector decidirá o no alimentar su curiosidad, para adentrarse en una investigación personal que le transporte a otras épocas. Cuando lo has hecho una vez, ya no se puede parar. Es terrible y satisfactoriamente contagioso. Esta historia pasará allí donde están los que me han turbado, allí donde regreso de vez en cuando a rememorar sensaciones. Cuando un libro activa tantos resortes, algo grande ha concebido su autor.

     Deseo que la “pequeña pirámide” que el autor encontró en tierras almerienses, le gustase tanto como yo he podido disfrutar con su libro. “Ella” se hizo con mucho amor.

Gracias Javier Sierra. V.

* Las fotografías han sido extraídas de la web www.javiersierra.com con expresa autorización del autor, excepto la última que ha sido extraída de la web www.avizora.com.

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“Cartas al vacío” de Gemma Serradell. Por Victoria Santisteban.

     Efectivamente Gemma, mi intuición no me ha fallado. Aunque he tardado (porque llevaba, y llevo, más ejemplares a la vez, a pesar que normalmente no me gusta hacerlo), aquí te cuento cuáles han sido mis sensaciones.

     Realmente me ha parecido un libro emocional e intimista, muy tuyo. He cogido el testigo de tus cartas al vuelo, así como cae una hoja del árbol y la recoges porque intuyes que guarda un mensaje sólo para ti.

La autora, Gemma Serradell

Algunas de tus palabras me han sabido incluso mías, hasta ese punto has conectado conmigo, con anécdota añadida porque a veces me veía gesticulando con expresión de “claro,  es que es así”. He sentido mucha humanidad de ti, cariño y rabia, dolor y pena, miedo, tristeza y fuerza. Y todo eso, en un mundo que va demasiado deprisa, se agradece.

En tu libro haces un viaje en el que haces escala en el optimismo y en el pesimismo, volviendo a la ilusión y al amor, como ave fénix que renace de sus cenizas. En tus propias palabras: […] Vuelves a volar, y a valorar el sol, las sonrisas de los demás, y de repente descubres la tuya, y tus ojos vuelven a brillar[…].

Me siento bien al ser una de las receptoras de tus cartas y de haber empatizado con el personaje de cada una de ellas.

Aunque el abismo mire dentro de nosotros, eso no le da carta blanca a poseernos. Para eso, podemos ayudarnos de palabras como las tuyas que nos enseñan que puede haber un punto y seguido. Por eso mismo, habrá que ser más atrevido y lanzarse a la vida. La peor zona de confort existe si la alimentamos.

Gracias Gemma. V.

* Las imágenes que aparecen en este post han sido cedidas por la autora.

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“La justicia manchada de España”. Reflexiones y vivencias de un abogado. Vol. I. Por Victoria Santisteban

     Darío Fernández Álvarez es un abogado criminalista de una talla difícil de encontrar, fuera de la escala del nivel. Debiera ser habitual tener abogados profesionales, de convicción y vocación en esta España nuestra, y no sucede así, aunque haberlos haylos, pero andan muy escondidos. Nacido en Santa Fé de Mondújar, provincia de Almería, tuvo una especial situación familiar que no le impidió ser lo que fue y lo que es.

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    Darío Fernández decía con sus propias palabras, “Me han exiliado de la profesión por asfixia del sistema, ¡cuántos obstáculos he vivido para poder ejercer una abogacía decente! Y es que en los tiempos del “no ha lugar” por sistema (y la prevaricación) en el que los jueces eran (¿son?) más de conveniencia que de formación y los propios colegios de abogados tenían una casi nula resonancia, empezó a sobresalir un abogado de renombre (Su caso legal más conocido y mediatizado fue el Caso Almería). Y es que nuestro sistema parecía (¿parece?) estar lleno de fisuras tan colosales, como si de la Tectónica de Placas estuviésemos hablando. Un sistema corrompido por la arrogancia y prepotencia del “trinomio”. Las comparaciones son odiosas, pero cuando se trata del sistema judicial, es un deber y Europa puede ser uno de los mejores espejos en el que mirarse.

El letrado Darío Fernández Álvarez

     Darío Fernández nos relata en este libro algunos de los casos en los que queda patente toda esta desfachatez y despropósitos.

    Yo no soy abogada, no tengo, ni de lejos, el perfil en el que hubiera pensado este señor, cuando escribió el libro. De hecho, su epílogo está dedicado a jóvenes abogados. Pero tengo curiosidad y el hecho de leer y estudiar (sí, estudiar) este valiosísimo ejemplar ha sido algo indescriptible. Me he enfadado, he llorado, he reído y he investigado. Me he sentido muy activa. Pero también, he conocido locuciones, actuaciones y protocolos del contexto judicial que desconocía, tanto los correctos, como los que no son correctos, e incluso, los atroces e injustos.

    Ha sido un viaje por sus palabras y sus sentires. Quiero mirarlo desde la justa perspectiva en la que un hombre, abogado, se dedicó en cuerpo y alma a hacer su trabajo de la única forma que conocía, bien hecho (“Mi conciencia es mi único legislador”). Soy una privilegiada por haber disfrutado de su clase magistral y por sentir la llamada del conocimiento y la verdad. En alguna ocasión que alguien me he preguntado por esta lectura y, por ende, Darío Fernández, siempre he contestado lo mismo: Darío Fernández Álvarez es lo mejor que ha parido el derecho en este país y es de Almería.

Gracias Sr. Fernández Álvarez. V.

*Las imágenes han sido extraídas de la web www.arraezeditores.com y de www.noticiasdenavarra.com.

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