Sinaloa está muy cerca de Alfonso González-Camino

     Sinaloa está muy cerca es una novela de corte thriller. Para adetrarse en él uno tiene que estar preparado y exento de prejuicios. Una mente abierta que nos permita sumergirnos en unas páginas donde nada es lo que aparenta ser.

     Esta novela llegó a mí sin pretensiones y sin haber leído nada parecido (lo de Grey parecería una bobada a su lado. Pero no lo sé, no lo he leído). Así que después de hacerme una idea de su contenido, dejé la mente en blanco. Y es que, nuestra psique, en su intimidad, se desinhibe y se pierde en historias de índole sexual y trasfondo psicológico que al pensarlo en frío podríamos pensar que nos hemos descarriado en una pesadilla de tintes gore. Porque, ¿quién no ha tenido alguna vez un pensamiento “distinto”? Señor, líbrame de convencionalismos sociales.

     Pero en el fondo, Sinaloa está muy cerca, es una historia de credulidad, que ahora está tan en boga. Porque, ¿por qué tendemos a creernos todo sin contrastarlo? O, al menos, ¿con un mínimo de desconfianza? A veces, nos dejamos llevar, bien por comodidad, bien por conformismo, o bien por la carencia de algo. Y es que la mente, en ocasiones, sólo ve lo que quiere creer, cegándose con situaciones increíbles y soñadas, arrastrándonos a tesituras en las que uno no se debería encontrar nunca.

     La obra que nos ocupa nos cuenta la historia de tres personas que pasan una noche en un lugar “el cuarto oscuro”, donde uno se abandona a las pasiones más básicas y se deja arrastrar por los sentidos más primitivos. Un lugar donde nadie se conoce, y cuerpos desnudos se rinden al placer sin tapujos. Hombres y mujeres con otros hombres y mujeres, parejas, tríos, grupos, todo está permitido. Las circunstancias quieren que nuestros tres actores conozcan a otras personas que las invitan a este cuarto oscuro. Es algo nuevo, distinto y la necesidad de experimentar es mayor que cualquier otra cosa. Estos anfitriones serán elementos decisivos en esta historia de falsas apariencias.

     Una mujer casada y de familia que descubre que tiene un vacío que desea llenar. Las casualidades de la vida la sumergen en un mundo de lujos en que nunca se hubiera imaginado que estaría alguna vez. Un chico joven y atlético es seducido por una mujer inalcanzable. Y nuestro tercer protagonista, un joven ya maduro con un futuro laboral presuntamente prometedor, junto a una joven y brillante modelo, cae en los tentáculos de una atractiva mujer que se mueve dentro del mundo del arte. Todos acaban, vamos a llamarlo, hasta las trancas de sus captores sentimentales. Así que el cebo está echado…

     Estos tres elementos, Boris, Luna y Marta les regalan un mundo de colores, fastuoso y de excesos que está a unos niveles muy por encima de ellos. Nada es lo que se supone y la belleza termina por cegarles. Lo que era una vida normal se convierte en algo extraño y pervertido. Lejos de resolverse todo y volver al estado original, la maraña se confunde hasta límites para lo que no estaban preparados.

     La locura y depravación campan entre las páginas de esta novela de tintes macabros. Una trama convincente y un final inesperado, para el que puede que no estemos preparados. O sí…

     Pero de entre las líneas de este thriller sobresale la genialidad de un suspense enriquecido con unos personajes escogidos y situaciones elaboradas. Creo que su autor consigue exactamente lo que quiere. Creo, también, que el lector puede imbuirse tanto que lo viva en su piel. Cuidado, cuidado con lo que se desea porque puede hacerse realidad. Y puede que esa realidad no sea lo que se buscaba.

Gracias Alfonso, V.

  • Imágenes del post cedidas por el autor.

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“1984”, George Orwell.

     Para conocer mejor la obra y su autor pensé que buscar información en la red podía ser una buena forma de conectar con este universo. Pude comprobar como la gente se deshacía en elogios hacia G. Orwell. De hecho Arthur Koestler (novelista, ensayista, historiador, periodista, filósofo que acabaría suicidándose) dijo que era la mejor obra fantástica que alcanzó el horror psicológico desde “El Proceso” de Kafka. Y yo, infame pecadora ignorante, decidí quedarme en esa zona gris, donde nos quedamos los observantes. Pero me van a permitir que cuando menos, me cuestione a una persona, que no su obra (quiero dejarlo muy claro) que delata a 38 simpatizantes comunistas por conseguir el amor de una doncella. Hecho que dice mucho o muy poco de una persona (objetivo que, por lo visto, no consiguió finalmente). Así que aquella noche decidí sumergirme en un mundo en el que no desearía encontrarme nunca…

Portada de 1984

“La libertad consiste en poder decir que 2 y 2 son 4” (Winston Smith).

     Winston Smith trabaja en el departamento de archivos del ministerio de la verdad. Su trabajo consiste en corregir los mensajes que le llegan por los tubos neumáticos. Unos mensajes que se modifican cuando los hechos del pasado entran en conflicto con los hechos del presente. Es la forma de borrar la historia reescribiéndola al antojo de los mandatos superiores. Winston forma parte de una sociedad en la que el individuo no existe, no existe la intimidad, y todos visten de la misma forma anodina. Las relaciones personales, tal y como las conocemos hoy  no existen, salvo por la procreación a la que se le ha eliminado el carácter  psicoafectivo. Winston es un minúsculo engranaje manejado por el Partido. La pobreza se ha generalizado y sólo unos pocos como O’Brien, funcionario del Partido Interior, disfrutan de ciertos lujos. Como toda dictadura, existe un mal endémico para el partido llamado Goldstein y el odio es la estructura principal sobre la que se sostiene la doctrina que recae en los habitantes de Oceanía. Todo gira en torno al odio y el miedo, la semana del odio, los dos minutos de odio, con proyecciones de imágenes y bombardeo de sonido que lo recuerdan constantemente. Todo el mundo puede denunciar a todo el mundo por traición al partido, hijos a padres, a hermanos, nadie está exento a ser denunciado. Y casi todo el mundo está controlado por telepantallas que lo ven absolutamente todo de sus vidas cotidianas.

     Entonces Winston empieza a ver y sentir que algo no está bien a su alrededor. Observa las desapariciones de personas con otra mirada, personas discordantes que desaparecen de la faz de la tierra y de la historia. Y comienza a realizar la peligrosa tarea de escribir un diario en el que vuelca todos sus pensamientos,  exponiéndose de una forma altamente arriesgada. Su vida se vuelve aún más intensa cuando Julia entra en ella y recupera la ilusión por lo que él recuerda más cercano al amor. Se mezcla con los proles, una suerte de sociedad paralela que no hace ruido, no molestan, no se rebelan y funcionan como la sociedad del pasado.

     O’Brien, un desalmado funcionario, consigue seducirle guiándole hacia su tela de araña, pasando de la protección a la destrucción más salvaje y Winston deja de ser “uno mismo” para llorar ante la foto del Gran Hermano. Y, después, a desaparecer…

     Una novela ficticia basada en una sociedad distópica, o indeseable en sí misma. Una aberración que a bote pronto nos aterraría hasta límites insospechados, de no ser porque en la actualidad tenemos ejemplos clarísimos y muy, muy cercanos. De todas las cosas que me quitan el sueño, la más brutal y sobrecogedora es la privación de libertad, porque es lo que me da el valor de individuo con derechos inalienables. Yo soy yo, porque puedo decir que estoy aquí y puedo identificar mi propia historia.

     En esta vida no hay casi nada imprescindible, pero esta lectura lo es. A ver si con un poquito de suerte vamos abriendo los ojos y vamos viendo lo que está sucediendo a nuestro alrededor, porque las cosas no suceden de la noche a la mañana.

V.

  • Foto tomada del libro de la autora del blog.

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