“José Antonio. El hombre que todos convirtieron en mito” de Pepe De Las Heras.

     A veces llegan a nosotros libros porque sí. Otras veces llegan a uno mismo en atención a tu propia curiosidad. Este libro es uno de ellos, de los que se buscan.

Pepe De Las Heras, autor.

     Mientras avanzaba en su lectura, reconozco que llegó un momento en el que me confundí, y me perdí en la novela histórica creyendo estar en una película de aquellas que me gustaban tanto cuando era muy jovencita. Y me vuelvo a la portada, y en efecto, es una novela histórica.

     Realmente nunca tuve muy clara la figura de Primo de Rivera (hijo), ya que por un lado la asociaba al movimiento de Franco,  militar español que ejerció como dictador desde 1939 hasta 1975, y por otro, a la parte más revolucionaria de España e, incluso, a la par que bolchevique después del discurso pronunciado en el Congreso, con motivo de la transformación de la Reforma Agraria (fue tildado de ello).

     Un libro interesante y fácil de leer. Un relato que nos acerca las primeras décadas del S. XX y a la figura de José Antonio Primo de Rivera. Hijo de Miguel Primo de Rivera, militar español que ejerció como dictador entre 1923 y 1930, tuvo una enseñanza privilegiada para la época, estudiando el bachillerato desde casa con profesores particulares. Más tarde estudió la carrera de Derecho influenciado por antecedentes familiares y de amistades.  Con todo esto, quiero dejar sentadas las bases que José Antonio, era una persona con una formación lo suficientemente densa como para saber lo que se hacía. Por alguna razón que se me escapa, Jose A. decidió caminar algo alejado de la filosofía general y defender ideas algo distantes de lo establecido. Defendía a los pobres, quería eliminar el caciquismo reinante y devolver las tierras a los jornaleros. Ideas que le llevarían a su encarcelamiento acusado de conspiración y rebelión militar, y posterior ejecución, propiciada por el Gobierno de la Segunda República, (España parecía un país cansado de las maniobras de la República) con Largo Caballero (el consejo de ministros confirmó el “enterado”). Fue condenado a muerte y finalmente ejecutado. La novela nos muestra a un joven atractivo (se le atribuyeron romances muy sonados en la época), con don de gentes y con ganas de resolver conflictos y dar giros de tuerca.

Ahora bien, desde mi minúsculo universo tengo algunas dudas:

  • La historia nos ha contado que desde el bando sublevado existieron intentos de evitar su ejecución y, por otro lado, que no existieron tales y que Francisco Franco, conocedor de su ejecución, no hizo nada para evitarlo. Por otro lado, se nos ha contado y hemos visto hasta la saciedad, que el movimiento de la Falange era sinónimo de franquismo, ya que este señor se apropió del movimiento y de la imagen de José A. Asimismo, Manuel Azaña, tampoco pareció que hizo nada por él. Se conoce que fue un personaje incómodo para ambas partes.
  • Por otro lado, hay aspectos que me parecen contradictorios de José A. o de la historia que cuentan de él. José A. se alejó de la opulencia en cierto modo, y quería devolver las tierras al proletariado. Pero, su carrera política comenzó para defender la política de su padre (al que defendía a puñetazos si era necesario) afirmando que su dictadura fue una oportunidad perdida (la dictadura es dictadura venga de donde venga). Y en 1933 terminó encontrando el fascismo que le ayudó a construir sus bases.
  • No creía en la eficacia de la derecha en el parlamento contra la “revolución socialista”, de los que pensaba que tenían falta de fe y empuje. Como tampoco que una mayoría pudiera decidir lo que él consideraba “verdades absolutas”. Consideraba que los ciudadanos podían decidir en el ámbito municipal, pero no para decidir sobre el país. Esto, también, me desconcierta bastante.
  • En cuarto lugar, en mi humilde opinión, creo que era una persona normal y de carne y hueso y con valores, entre los que destacaba el no guardar rencor, por la inclinación política y religiosa, un sentimiento muy valioso. No creo tanto lo del mito. Sí creo que algunos quieren convertirlo en mito, pero si su forma de ser es cierta (la que se cuenta en este libro), creo que a él no le hubiera gustado, ni eso, ni que usaran su imagen para algo con lo que no estaba de acuerdo.

     Esta novela es para leerla vacío de prejuicios, con la mente en blanco. Ya después, uno puede y debe documentarse. O antes, el lector es libre de manejar su agenda lectora. Por lo que a mi respecta, eso fue lo que hice (como también estuve hablando con mi madre, largo y tendido sobre él, para conocer sus impresiones), a sabiendas que mis raíces están en el bando de los perdedores (todos lo fueron en mayor o menor medida). A sabiendas que a mis familiares le hicieron cosas horribles que no puedo ni volver a nombrar, aquí estoy porque quiero saber. Y quiero saber de mi historia con todas las consecuencias. Pero quiero saber la verdad, blanca, nítida y objetiva, de ambas partes. Porque “todos” cometieron atrocidades.

     No sabemos qué hubiera pasado si José A. hubiera seguido vivo. Si le devolvería las tierras a los jornaleros o no, si su movimiento hubiera terminado en una aberración o no, si hubiera cedido y se hubiera puesto del lado del bando que no quería o no. Y no lo sabemos porque todo está en continuo movimiento. Pero la historia verdadera es la que es, esa que nadie puede tocar, aunque todos la cuenten a su libre antojo, “todos”. Pertenezco a una generación que quiere saber, conocer, aunque el resultado no sea agradable. Mis antepasados sufrieron, pero también se sufre mucho ante el desconocimiento, ante la ignorancia. Es como una losa que te impide respirar. Y sin respirar no se puede vivir. Soy Española, Andaluza y nací en Almería y vengo de una familia de rojos. Yo, como muchas personas, queremos un país que perdone, que integre, que restaure también, y que mire al pasado con otros ojos. Que tuvimos una España dividida en dolor y que ahora queremos sólo una, la única.

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“La justicia manchada de España”. Reflexiones y vivencias de un abogado. Vol. I. Por Victoria Santisteban

     Darío Fernández Álvarez es un abogado criminalista de una talla difícil de encontrar, fuera de la escala del nivel. Debiera ser habitual tener abogados profesionales, de convicción y vocación en esta España nuestra, y no sucede así, aunque haberlos haylos, pero andan muy escondidos. Nacido en Santa Fé de Mondújar, provincia de Almería, tuvo una especial situación familiar que no le impidió ser lo que fue y lo que es.

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    Darío Fernández decía con sus propias palabras, “Me han exiliado de la profesión por asfixia del sistema, ¡cuántos obstáculos he vivido para poder ejercer una abogacía decente! Y es que en los tiempos del “no ha lugar” por sistema (y la prevaricación) en el que los jueces eran (¿son?) más de conveniencia que de formación y los propios colegios de abogados tenían una casi nula resonancia, empezó a sobresalir un abogado de renombre (Su caso legal más conocido y mediatizado fue el Caso Almería). Y es que nuestro sistema parecía (¿parece?) estar lleno de fisuras tan colosales, como si de la Tectónica de Placas estuviésemos hablando. Un sistema corrompido por la arrogancia y prepotencia del “trinomio”. Las comparaciones son odiosas, pero cuando se trata del sistema judicial, es un deber y Europa puede ser uno de los mejores espejos en el que mirarse.

El letrado Darío Fernández Álvarez

     Darío Fernández nos relata en este libro algunos de los casos en los que queda patente toda esta desfachatez y despropósitos.

    Yo no soy abogada, no tengo, ni de lejos, el perfil en el que hubiera pensado este señor, cuando escribió el libro. De hecho, su epílogo está dedicado a jóvenes abogados. Pero tengo curiosidad y el hecho de leer y estudiar (sí, estudiar) este valiosísimo ejemplar ha sido algo indescriptible. Me he enfadado, he llorado, he reído y he investigado. Me he sentido muy activa. Pero también, he conocido locuciones, actuaciones y protocolos del contexto judicial que desconocía, tanto los correctos, como los que no son correctos, e incluso, los atroces e injustos.

    Ha sido un viaje por sus palabras y sus sentires. Quiero mirarlo desde la justa perspectiva en la que un hombre, abogado, se dedicó en cuerpo y alma a hacer su trabajo de la única forma que conocía, bien hecho (“Mi conciencia es mi único legislador”). Soy una privilegiada por haber disfrutado de su clase magistral y por sentir la llamada del conocimiento y la verdad. En alguna ocasión que alguien me he preguntado por esta lectura y, por ende, Darío Fernández, siempre he contestado lo mismo: Darío Fernández Álvarez es lo mejor que ha parido el derecho en este país y es de Almería.

Gracias Sr. Fernández Álvarez. V.

*Las imágenes han sido extraídas de la web www.arraezeditores.com y de www.noticiasdenavarra.com.

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