“Un día de invierno” de Victoria Santisteban

Un cuento de navidad…

Parece que te veo a través de la ventana. Creo que me estoy obsesionando con esa imagen. Esa foto de ti mirándome, tan triste, desde ese paraje blanco. No tan blanco como nos hubiera gustado, pero suficiente. A veces siento que me llamas y yo alargo mi mano en un ademán pretendiendo acortar distancias.

-¿Hablando otra vez sola?- dijo él.

-¿Lo hacía en voz alta?-contestó sorprendida de haber sido cazada.

-Sí-le dijo con cierta condescendencia.

-Debe ser que no duermo bien últimamente. Anoche tuve un sueño…

-Anoche volviste a hablar mientras dormías-le interrumpió él.

-Soñé con él otra vez, y volvíamos a ese lugar, de nuevo. Había nevado, pero no mucho. Lo recuerdo bien porque siempre quise ver la nieve, pero de esa espesa en la que se te hunden los pies. Y ese sitio no era así. Recuerdo que estuvimos hablando, aunque no recuerdo de qué. Tampoco sentía frío.

-Estás pasando un mal momento.-dijo, con cariño sincero-Son tus primeras navidades sin él.

Al día siguiente…

-Buenos días, cielo-le dijo él a ella.

-Hola mi niño-le regaló con una sonrisa calmada.

-Anoche volviste a hablar en sueños.

-Estuve con él, cariño. Al final pudimos vivir una navidad juntos. Fuimos a un lugar con un árbol gigante lleno de color y de luces. Había puestos de madera y los vendedores ambulantes sonreían. Y comprábamos turrón. Y no había nadie más, salvo nosotros. Recuerdo que me miraba y me sonreía. Él me hablaba y era feliz, yo era feliz. Y volvimos allí, donde estaba la nieve. Yo le perdoné y él me abrazó. Y he despertado.

Epílogo: Mientras preparábamos la cena de navidad para recibir al resto de la familia, fui al dormitorio a dejar unas cosas. Como siempre, me acerqué a su foto para contarle que todo se arregló con mi hermano. Fue entonces cuando me di cuenta que algo había cambiado. Su cara irradiaba felicidad, era una sonrisa clara y diáfana. Y sus pies, sus pies estaban hundidos en la nieve. Y abracé la foto y me dejé llevar por las emociones…

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Publicado por

Victoria Santisteban

Digamos que soy una lectora tardía. No me malinterpreten, siempre me gustó leer, pero la pasión llegó más tarde. A veces falta tiempo material, como a todo hijo de buen vecino, pero ya no tiene nada que ver con el tiempo pasado. Gracias a todo lo que he vivido, sobre todo, gracias a mi madre, que devoraba todo libro que llegaba a sus manos, y a sus momentos con Corín Tellado, aquí estoy haciendo lo que me gusta: escribir sobre los libros, sus líneas, sus letras con historia, de sentimientos entre párrafos...Y gritar cien veces y otras cien mil más que ¡necesitamos héroes anónimos que lean! Porque leer es sano, nos hace cuestionarnos las cosas, nos hace más felices, mejores personas y con una mayor capacidad de compresión del mundo que nos rodea. Nota: Tengan paciencia. Mi ritmo es lento, abarco varios campos y este es uno de ellos. Pero, es el que más me gusta, no lo duden. La curiosidad mueve el mundo. C.

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