«Rebelión en la granja» de George Orwell.

Los 7 mandamientos:

  • Cualquier cosa que ande en dos piernas es enemiga.
  • Cualquier cosa que ande en cuatro piernas o tenga alas es amiga.
  • Ni un animal usará ropa.
  • Ningún animal dormirá en una cama.
  • Ni un animal beberá alcohol.
  • Ningún animal matará a otro animal.
  • Todos los animales son iguales.

(…) cuatro piernas, bueno; dos piernas, malo (…)

Rebelión en la granja.

Curiosa la idea romántica que a veces nos hacemos de ciertos libros. Siempre tuve una idea distinta, distorsionada e incluso cómica de «Rebelión en la granja». Imagino que el celuloide juega malas pasada, y una se deja llevar ante el desconocimiento. Es lo que pasa cuando vemos material visual antes de leer.

Todos los animales son iguales…

Rebelión en la granja transcurre en la granja Manor propiedad del Sr Jones, un personaje del que se dice que pudo inspirarse en Nicolás II, último emperador ruso y dado a la bebida que, además, odiaba al pueblo. Una granja con animales de rasgos antropológicos y humanizados que se unen bajo el mando del viejo cerdo Major cuyas ideas de justicia pretende guiarlos hacia una sociedad más igualitaria y autónoma. ¿Podría haber estado inspirado en Marx? Muy posiblemente. Así que según su filosofía, los hombres son enemigos y los animales son camaradas e iguales. Al poco tiempo de iniciar su rebelión, Major muere y el mando lo asumen Bola de Nieve, Chillón y Napoleón. Entre los cambios de los nuevos mandatarios están la sustitución de la bandera de la granja por la del régimen recién instaurado, y la creación del himno «Animales de Inglaterra».

Portada Rebelión en la granja

Asuntos como la amistad o enemistad de algunos animales o la edad de jubilación se votan en asamblea, así como la alfabetización de los camaradas y, por supuesto, la rebelión. Y un día, por fin, consiguen expulsar a los humanos de la granja, instaurándose la nueva era. La granja crece y Napoleón se hace con el mando total de ésta. A partir de entonces, se suceden censuras y prohibiciones. El poder termina por corromperle, volviéndose igual o peor que el antiguo dueño humano. Cerdo y humano se habían vuelto indistinguibles.

Cuando leí 1984 sufrí una especie de conflicto en mi interior a sabiendas de ciertas acciones por parte de Orwell. Me encontraba atrapada entre el autor y la persona. Como autor, no me disgusta, me interesa y me produce curiosidad. No así como persona, lo que me causa un profundo malestar. De hecho, este es el motivo por el que haya tardado tanto en publicar mi siguiente post, el de este libro. Y es que, no consigo mantenerme al margen de aspectos que, finalmente, no afectan al desarrollo e interés del escrito. Y mira que pongo empeño en ello, aunque me sigan desconcertando ciertas pinceladas de la vida del autor.

George Orwell

Parece ser que Orwell se inspiró en la Revolución Comunista de 1917 y la era estalinista rusa y deseaba denunciar la dictadura de Stalin. Años más tarde, se conocería la terrible realidad a través de la pluma de Gareth Jones, periodista galés que tuvo la osadía de publicar la verdad sobre la hambruna soviética de 1932 hasta el año siguiente, así como el llamado Holodomor o Genocidio Ucraniano. Hasta entonces algunos intelectuales del occidente simpatizaban con el régimen soviético. Como suele pasar con estas cosas, The New York Times publicó todo lo contrario a lo manifestado por G. Jones. Muy probablemente, George Orwell podría haberse inspirado también en Jones.

Un reflejo de los totalitarismos aplicados por sistemas corrompidos y por personas que persiguen una sola cosa, su propio interés en detrimento de la sociedad. Una novela atemporal y alegórica, más vigente que nunca, que ha tenido su versión en la gran pantalla en más de una ocasión, en la radio, en comics, e incluso en videojuegos.

Y es que, entre la justicia y la igualdad existe una frontera por la que discurre la ignorancia, la ausencia de memoria, el olvido y el conformismo. Una combinación muy peligrosa y, por desgracia, tan presente en estos tiempos. Un arriesgado cóctel con el que algunos países convierten la esclavitud en una falsa sensación de libertad, cuando la mezclamos con toques capitalistas.

Pero de todos, el peor a mi modo de ver, es el conformismo. El conformismo permite y facilita el paso de todo lo demás. Es una frontera sin vigilancia. El conformismo no duele, no pesa en el alma, salvo, claro, cuando uno abre los ojos. Entonces se convierte en un dolor insoportable que se cura cuando la ignorancia desaparece y calma el estado de desasosiego.

Y es que solo hay que poner el sistema capitalista al servicio de algunos regímenes para expandir la felicidad como sentimiento generalizado. Todos están contentos, todos trabajan contentos y todos viven contentos y felices. Y así se le traslada al mundo entero, aunque no de forma tan radical como el último momento vivido por Winston en 1984, cuando acepta al gran hermano con todo su amor. En la vida real, todo es más sutil.

Decir que las mentes críticas son muy molestas en los sistemas totalitarios, sería un eufemismo algo doloroso. Son sistemas que anulan al individuo y los individuos como Boxeador, se dejan la piel y sacrifican la vida en pos de trabajar más duro, como mandan los cánones, aún a costa de ser traicionados.

Hoy en día existen muchos «Boxeadores» que se desloman toda su vida para obtener decepción y traición como recompensa. Algunos seguirán viviendo así y vivirán inmersos en un mundo feliz, aparentando ser felices, o siendo felices de verdad, como Winston. En cualquier caso, todos, absolutamente todos disponemos de las herramientas suficientes para llegar a la verdad. Siempre y cuando queramos conocerla…

Porque cualquier totalitarismo es un cáncer, este es un libro necesario y, como digo en algunas ocasiones, la lectura nos hace libres y mejores personas.

V.

Imágenes del post:

*Imagen del post extraída de https://www.latercera.com/

*Foto de portada del libro extraída de amazon.es.

*Foto del autor extraída del perfil de twitter @OrwellQuotes.

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«1984», George Orwell.

     Para conocer mejor la obra y su autor pensé que buscar información en la red podía ser una buena forma de conectar con este universo. Pude comprobar como la gente se deshacía en elogios hacia G. Orwell. De hecho Arthur Koestler (novelista, ensayista, historiador, periodista, filósofo que acabaría suicidándose) dijo que era la mejor obra fantástica que alcanzó el horror psicológico desde «El Proceso» de Kafka. Y yo, infame pecadora ignorante, decidí quedarme en esa zona gris, donde nos quedamos los observantes. Pero me van a permitir que cuando menos, me cuestione a una persona, que no su obra (quiero dejarlo muy claro) que delata a 38 simpatizantes comunistas por conseguir el amor de una doncella. Hecho que dice mucho o muy poco de una persona (objetivo que, por lo visto, no consiguió finalmente). Así que aquella noche decidí sumergirme en un mundo en el que no desearía encontrarme nunca…

Portada de 1984

«La libertad consiste en poder decir que 2 y 2 son 4» (Winston Smith).

     Winston Smith trabaja en el departamento de archivos del ministerio de la verdad. Su trabajo consiste en corregir los mensajes que le llegan por los tubos neumáticos. Unos mensajes que se modifican cuando los hechos del pasado entran en conflicto con los hechos del presente. Es la forma de borrar la historia reescribiéndola al antojo de los mandatos superiores. Winston forma parte de una sociedad en la que el individuo no existe, no existe la intimidad, y todos visten de la misma forma anodina. Las relaciones personales, tal y como las conocemos hoy  no existen, salvo por la procreación a la que se le ha eliminado el carácter  psicoafectivo. Winston es un minúsculo engranaje manejado por el Partido. La pobreza se ha generalizado y sólo unos pocos como O’Brien, funcionario del Partido Interior, disfrutan de ciertos lujos. Como toda dictadura, existe un mal endémico para el partido llamado Goldstein y el odio es la estructura principal sobre la que se sostiene la doctrina que recae en los habitantes de Oceanía. Todo gira en torno al odio y el miedo, la semana del odio, los dos minutos de odio, con proyecciones de imágenes y bombardeo de sonido que lo recuerdan constantemente. Todo el mundo puede denunciar a todo el mundo por traición al partido, hijos a padres, a hermanos, nadie está exento a ser denunciado. Y casi todo el mundo está controlado por telepantallas que lo ven absolutamente todo de sus vidas cotidianas.

     Entonces Winston empieza a ver y sentir que algo no está bien a su alrededor. Observa las desapariciones de personas con otra mirada, personas discordantes que desaparecen de la faz de la tierra y de la historia. Y comienza a realizar la peligrosa tarea de escribir un diario en el que vuelca todos sus pensamientos,  exponiéndose de una forma altamente arriesgada. Su vida se vuelve aún más intensa cuando Julia entra en ella y recupera la ilusión por lo que él recuerda más cercano al amor. Se mezcla con los proles, una suerte de sociedad paralela que no hace ruido, no molestan, no se rebelan y funcionan como la sociedad del pasado.

     O’Brien, un desalmado funcionario, consigue seducirle guiándole hacia su tela de araña, pasando de la protección a la destrucción más salvaje y Winston deja de ser «uno mismo» para llorar ante la foto del Gran Hermano. Y, después, a desaparecer…

     Una novela ficticia basada en una sociedad distópica, o indeseable en sí misma. Una aberración que a bote pronto nos aterraría hasta límites insospechados, de no ser porque en la actualidad tenemos ejemplos clarísimos y muy, muy cercanos. De todas las cosas que me quitan el sueño, la más brutal y sobrecogedora es la privación de libertad, porque es lo que me da el valor de individuo con derechos inalienables. Yo soy yo porque puedo decir que estoy aquí y puedo identificar mi propia historia. Yo soy yo porque puedo decidir respecto a mi vida, mi presente y mi futuro, no el de los demás. Por desgracia, vivimos inmersos en un sistema en el que grandes grupos de presión, más conocidos como lobbys, deciden por nosotros y, aunque a priori todos podríamos serlo (hasta un grupo de ciudadanos) visto está que quien opera a niveles omnipotentes suelen ser los que se llevan el gato al agua (también existen excepciones). Y ellos, sus lobbistas,  frecuentan, revoloteando incesantemente como moscas en los excrementos,  los círculos de poder. Sólo tenemos que poner la televisión para comprobarlo.

     En esta vida no hay casi nada imprescindible, pero esta lectura lo es. Nos ayuda a desarrollar el pensamiento crítico. A ver si con un poquito de suerte se nos van abriendo los ojos y vamos viendo lo que está sucediendo a nuestro alrededor, porque éstas no suceden de la noche a la mañana. Todo lleva un proceso. Silencioso y discreto, a veces, ruidoso y estridente, otras tantas ocasiones. Y, aún así, muchos no lo ven venir…

V.

  • Foto tomada del libro de la autora del blog.

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